El oficio detrás de cada abarca
Hay un olor particular en los talleres donde se hacen abarcas: cuero curtido, hilo encerado y goma reciclada de neumático. Ese olor cuenta una historia que se repite desde hace generaciones en las islas, donde payeses y pastores necesitaban un calzado resistente para el campo y encontraron la solución en sus propias manos, con lo que tenían cerca.
De la piel a la suela
Fabricar una abarca auténtica no es un proceso rápido. Cada par pasa por etapas que apenas han cambiado con el tiempo, aunque hoy se combinen con maquinaria puntual para ganar precisión sin perder el alma artesanal.
- Selección de pieles curtidas al vacío, flexibles pero duraderas.
- Corte a medida siguiendo hormas tradicionales balear
- Cosido a mano o con máquinas de puntada plana, reforzando los puntos de mayor tensión.
- Suela de goma reciclada, herencia directa del antiguo neumático reutilizado.
- Acabado y pulido final, revisando cada costura antes de dar el par por terminado.
Ninguna abarca sale igual a la anterior. Las vetas del cuero, la mano del artesano y el desgaste natural de las herramientas hacen que cada pieza tenga su propio carácter, algo que ninguna producción en serie puede imitar del todo.
Un calzado que se explica solo
Entender cómo se hace una abarca cambia la forma de llevarla puesta. Ya no es solo un zapato de verano: es un objeto pensado desde la practicidad, hecho para durar y para adaptarse al pie con el uso diario.
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